Infeliz y, para colmo, imbécil

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Hay gente que quiere ser feliz pero no sabe cómo. Hartos de ver personas felices, se dicen a sí mismos: “Esta gente es feliz porque es estúpida. Si pensaran en lo que yo pienso, notarían que la vida es una mierda”. Deciden dejar de perder su tiempo en subestimar a esos malditos felices, y comienzan a “imitarlos”. Arman una estrategia y la bautizan: basta de especulación. Como fallaron en el amor, comienzan a invertir en otro rubro. Se inscriben, por ejemplo, en un curso de esquí, sólo porque escucharon que el deporte libera endorfinas. Dejan de preguntarse si el ateísmo es o no la respuesta: van al centro religioso para cantar sones grupales.
Pero con el escape a los problemas reales, su infelicidad aumenta. Ah y, para colmo, parecen unos estúpidos.













































